Siempre afuera, ahora adentro

Una vez por mes, la Selección de Powerchair Football, traído a la Argentina en el año 2012, reúne en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) a los mejores jugadores de las distintas sedes del país: Rosario, Córdoba, Mar del Plata y Pacheco. El pasado 9 de abril, el equipo formado por personas con discapacidades y dependientes de una silla de ruedas eléctrica, asistió a un entrenamiento con el fin de salir campeones del próximo mundial. El mismo se realizará durante la segunda mitad del año en Orlando, Estados Unidos.

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Valentino Zegarelli festejando un gol, en las canchas del CeNARD, durante el entrenamiento.                                                                                     Crédito: Camila Oppel

10 de la mañana. Ya estaba listo y ansioso por entrenar. Sentado en su silla con la remera de la Selección Argentina puesta y almohadones que acomodaban su cadera en la silla, Valentino Zegarelli, con tan solo 11 años, paró la silla en la puerta con la mirada puesta en una cancha de pasto. Detrás suyo llegaron sus compañeros, todos más grandes que él. Cambiaban de silla, se ponían las camisetas, ajustaban la velocidad y el joystick de la silla. Al paso de unos minutos se acercó a toda velocidad, señaló la cámara y preguntó: “¿Está prendida?”.

Gonzalo Vilariño, director técnico y entrenador de la Selección de Powerchair Football en Argentina y campeón del mundo en el año 2006 con los Murciélagos, aseguró: “Está bueno dar una mano en donde se puede”. La alegría y las ganas que le transmiten los chicos cuando juegan le llenan el corazón y lo motivan a seguir ayudando para poder verlos crecer y madurar.

Una vez que ya estaban todos preparados, tocó el silbato y citó a los jugadores en el medio de la cancha, diseñada especialmente por los entrenadores con una cinta blanca. Se fue formando una ronda distinta, una ronda en la que la alegría y las ganas de empezar se notaba en sus rostros. Muchos posaban quietos, con la mirada en alto escuchando atentos a Gonzalo, “un modelo a seguir para los chicos”, según comentaba Lorena Zardizabal, madre de Valentino, fundadora y encargada de llevar a cabo, este deporte en la Argentina. 11 jugadores, tres entrenadores, cuatro pelotas del doble del tamaño y unas sillas eléctricas indestructibles, pasaron a ser los protagonistas de esos dos días de entrenamiento.

Ya en la cancha se veían giros de todo tipo, velocidad, zigzag, golpes y un excelente manejo del joystick, todo lo que se necesita para ser un buen jugador de Powerchair Football. Mientras miraba a su hijo de reojo en pleno entrenamiento, emocionada, Lorena explicaba: “Juegan al fútbol, integran un equipo, entrenan como en cualquier deporte y hasta eligen qué camiseta van a usar”. La familia Zegarelli logró que algo imposible se vuelva realidad. Trayendo el Powerchair Football a la Argentina le dieron la posibilidad a todas esas personas, sin límite de edad, para ambos sexos y que no pueden caminar por sí solos, de entrar a una cancha y pasar a ser protagonistas por primera vez en sus vidas.

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La selección se dividió en dos equipos, cada uno en un extremo de la cancha. Los padres en un costado miraban atentos a sus hijos, nietos y amigos. Relajados, con un mate en mano, cigarrillos y charlas de por medio, filmaban y alentaban a la selección. “Es su momento, mira sus caras de felicidad, ellos disfrutan de ser independientes y poder jugar a la pelota. Esperan todo el mes para que llegue este día”, contaba con los ojos vidriosos, uno de los padres con acento cordobés. Terminó el ejercicio y volvió a sonar el silbato.

Las sillas giraron y se dirigieron inmediatamente al medio de la cancha formando una vez más la ronda. Gonzalo dió instrucciones de cómo iba a seguir el día de entrenamiento y cada uno se dirigió a sus padres. Era la hora del almuerzo. Todos debían cambiarse a sus sillas diarias, aquellas que les sacan la independencia que sienten dentro de la cancha. Se acerca Valentino y mirando la cámara apagada dice: “Quiero ser como Archer, un jugador de Power de Estados Unidos. Es como el Messi pero en nuestra misma situación”.

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Fin del entrenamiento. Charlas entre amigos. Crédito: Camila Oppel

Por: Camila Oppel

Florencia Vivas: “No le tengo miedo a nada”.

Dicen que el mundo gira para que nos encontremos. Entrar a Fundaleu no es nada fácil, pero el cuarto de Florencia Vivas es especial. Después de tres años de estudiar Comunicación Social debería saber cuál es una de las reglas esenciales del periodismo: “No entrevistar a un amigo”. Fue inevitable porque necesito que la conozcan tanto a ella como a su historia.

Un día a las corridas, mis amigas dirían “que raro..”, conocí a Florencia Vivas. Formoseña de 22 años cuya vida dio un giro inesperado en tan solo 2 años. Un análisis de sangre con diagnóstico de Leucemia hizo que todo cambie.

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¿Cómo era tu vida en Formosa antes de vivir en Buenos Aires?

Normal. Iba al colegio, salía mucho con mis amigas, hacía mucho deporte, especialmente hockey. Era una persona muy activa. Sigo siendo, pero Formosa es una ciudad muy chica y todo te queda cerca, entonces todo el día estaba afuera de mi casa. Siempre estaba con gente. Además era muy buena alumna entonces siempre tenía olimpiadas o torneos e íbamos con el club. No cambió mucho mi vida cuando me vine a Buenos Aires, seguí haciendo muchas cosas, hasta cuando me las impidieron.

¿Cuándo empezó todo?

En el año 2014 volví de vacaciones con una amiga, y como seguía jugando al hockey me pidieron los clásicos controles físicos por si había algún problema. Cuando voy a hacérmelos salta que tenía muy bajos los glóbulos blancos. No tenía idea de que me estaban hablando. El médico me dijo que podía ser desde una infección, como mononucleosis, hasta una leucemia. Me pidieron que deje de hacer todas mis actividades, cosa que era imposible porque hacía de todo. Iba a la facultad a la mañana, cursaba Comunicación, Periodismo a la noche en TEA y jugaba al hockey. Estaba muy cansada. El médico me dijo que creía que era un virus, y que eso me generaba el cansancio. La solución era hacer reposo. No le di pelota y seguí haciendo mis cosas, pero cada vez estaba peor. Un día la llamo a mamá y le comento que presentía algo feo y que por favor viaje para estar conmigo. Se vino desde Formosa y al día siguiente no podía ni caminar ni respirar. Tenía neumonía. Eso hizo que me internaran de urgencia y me comunicaron que no era un virus. Un dolor fuertísimo en la pierna y la neumonía eran índices que marcaban que tenía muy bajas las defensas. Pero un virus no ataca tan fuerte. En ese momento me dijeron que me iban a hacer una punción porque era la única manera de descartar. Al tener los resultados, me comunicaron que tenía Leucemia.

¿Qué es una enfermedad?

Nunca me enferme de chica. Me cambio totalmente. Desde que me dijeron que tenía cáncer fue muy impactante. Una enfermedad es algo que te condiciona. Todas las enfermedades son graves. Aunque le podes encontrar el lado bueno. No festejo tener cáncer pero me ayudó a cambiar un montón de cosas de mi vida. Si,  pienso que es una mierda porque no dura siete días como una angina y te olvidas del tema. Es una enfermedad que tiene un proceso muy largo en la que sabes que te podes curar o no, porque es así. Me hizo crecer, madurar. Creo que si no me hubiera pasado esto, hay cosas en mi cabeza que no hubieran cambiado.

Los médicos me dijeron “Tu vida va a cambiar”. Me impidió hacer un montón de cosas, pero al mismo tiempo me abrió la puerta a conocer muchas cosas que si no no hubiese conocido. Por ejemplo, pilates y teatro. Empecé a leer un montón porque estás todo el tiempo solo, no te dejan tener contacto con la gente. Empezás a conocerte. Ahora me conozco, me quiero así, me acepto como soy y estoy bien. No soy una persona que se queda llorando en su cama sino que busca la alternativa para enfrentarlo. Pero la enfermedad siempre tiene sus cosas malas. La gente no sabe como tomarlo y te bajonea un poco porque tenés que explicarles todo. Muchos se alejan ante el miedo, ante lo desconocido.

¿Ciencia o Religión?

Hoy elijo la religión. Siempre fui católica, pero cuando era chica era más obligado. En mi familia son súper católicos. El día que empecé a elegir la religión fue el día que conocí a William Douglas (Blog). Me dio un rosario, me contó su experiencia y me dijo: “A mí me curó Dios, no la ciencia”. Me cambió totalmente la cabeza. Justo salía de una misa y el padre me había dicho que espere señales. Al rato aparece William, eso fue una señal. Empecé a ir a muchos padres sanadores, y hablar con ellos me hacía muy bien. Me decían: “La fe no se alcanza de un día para el otro”. Creo que tener fe es una entrega total, es que sea lo que Dios quiera. Yo me di cuenta de eso cuando entre en la última internación. No estoy desanimada con los médicos, porque Dios me está dando la oportunidad de estar acá. Hay gente que no se puede ni hacer el tratamiento. A la noche me pongo a rezar y es lo único que me da paz. Para mí los milagros existen, es creer o reventar.

¿Tenés sueños?

Siempre fui muy soñadora, pero ahora cambiaron. Desde que me enfermé cambiaron mis ideas, mi escala de valores, todo. Antes de enfermarme era muy perfeccionista, decía que me iba a recibir de comunicadora a los 25, que me iba a casar, que iba a tener hijos, que iba a trabajar en tal lugar, que me volvía a Formosa. Me enfermé y me cambió totalmente. Ahora me pregunto qué es lo primero que haría al estar sana. Viajar. Conocer los lugares que siempre tuve ganas. Aprendes a valorar el día a día. Formar una familia es otro sueño, por más de que los médicos me digan que no voy a poder tener hijos por todos los tratamientos que hago. No me rindo porque conozco casos que se han quedado embarazadas y se hicieron quimioterapia, trasplante, así que yo tengo fe en eso. Esas son las cosas que siempre le pido a Dios.

Un sueño importante también es poder ayudar con este tema. Dar testimonio e informar un poco más, para concientizar a la gente sobre la enfermedad, y lo importante que es donar sangre. Nosotros que estamos acá recibimos sangre y plaquetas todo el tiempo. No cuesta nada, es un rato. A mí no me costaba pero no lo hacía. Y ahora mis amigas todo el tiempo están como donadoras. Eso es lo que yo necesito para vivir. Es muy importante y se desconoce el tema.

¿Cuál es tu ideal de vida?

Mi ideal es vivir siempre feliz, rodeada de gente que ame, y me ame. Por suerte tengo mucha gente que me quiere, y te das cuenta de todos los que son en estos momentos. Mis amigas se quedaban cuando yo dormía haciendo nada y  me miraban por horas. Mi familia tuvo que dejar de trabajar para venir a cuidarme. Ahí te das cuenta de que hay gente que realmente te ama. Uno cultiva lo que siembra. Si la gente es así con vos es porque en algún momento vos hiciste algo.

¿Una anécdota que quieras recordar?

La más graciosa fue una en el boliche. Estaba pelada y en Fundaleu me dijeron “Flor, podes salir”. No tenía ceja ni pestaña. Ese día llovía mucho y yo salí igual. Me pinté las cejas, las pocas pestañas me las arreglé con rímel como pude, y me puse una peluca. Todas las chicas tenían frizz menos yo, con la peluca estaba espléndida. Llegué a la previa y al tener peluca estaba incómoda. Ni se dieron cuenta que la tenía, pero sabía que no era mi pelo, por más de que era muy natural. Yo me veía rara, a cada rato iba al baño y les preguntaba a mis amigas si se notaba. Nos fuimos al boliche y hacía mucho calor. La peluca te hace transpirar como una condenada. En un momento me sacó a bailar un chico y me empezó a dar vueltas. Sentía que la peluca se movía. Me animé y le dije: “Tengo peluca, no me des muchas vueltas porque se me va a volar en cualquier momento” y me dice “¿En serio? Ni se nota”. Por el calor me voy al baño y me saco la peluca. Todas se quedaron mirando, hasta la encargada del baño. Empecé a airear la peluca, y les pedí perdón, no podía más. Agarre papel higiénico y empecé a secarme la pelada. Se empezaron a reír todas y la miraban, porque era muy natural. Me senté en el inodoro a esperar a que se me pase la transpiración y después estuve como una hora para ponerme la peluca. Llegué a mi casa y la revolee. Al día siguiente mamá me dice: “Se ve que tuviste una noche furiosa”. ¡No quería saber más nada! Fue la última vez que use peluca.

¿Por qué creaste el blog Lucesmias? ¿Cómo surgió el nombre?

Me gusta mucho escribir. Escribía cosas muy personales. Mi hermana un día me preguntó por qué no hacía un blog, me dijo que iba a ayudar a mucha gente que pasaba por lo mismo, o a la gente que me rodeaba. Me dijo: “Nosotros aprendemos de vos día a día”, y ahí hice un clic. Quería contar mi experiencia.

Tenía todo listo pero faltaba el nombre. Había un chico que estaba internado acá y que las casualidades de la vida me llevaron a él por un amigo en común. Me contó que había escrito música para la banda de sus amigos y que se llamaba Lucesmías. En vez de leucemia, lucesmías. Me dijo que escuche la música, y me pareció muy linda porque coincidimos con las cosas que decía. Creo que por algo nos tocó estar en este lugar. El decía que no veía la enfermedad, que no le decía leucemia sino mis luces mías, porque lo ayudó a cambiar para bien. Los dos coincidimos con que eran luces que nos marcaban, focos que nos decían que había algo que no estaba bien. Le comenté que tenía ganas de hacer un blog y le dije que me encantaría poner su música, y el nombre lucesmías. Le encantó la idea.

¿Le tenés miedo a algo?

No. Después de todo lo que me paso no le tengo miedo a nada. Soy inmune. Nada me puede destruir. No volví a mi rutina diaria, pero te puedo decir que ir a rendir un examen no me da más miedo. Sé que no me voy a morir, y si me muero va a ser por otra cosa más adelante. Me acuerdo cuando estaba entrando a terapia intensiva, fue muy fuerte, estaba realmente mal. Parecía de película. Los cables por todos lados, los ruidos de las máquinas. Estaba al lado de un chico que no podía mover nada más que los ojos. Le agarró una parálisis total mientras jugaba al rugby. Del otro lado tenía una señora que se estaba muriendo. Estar en terapia intensiva significa que estás mal, y pensaba.. ¿tan mal estoy? No estaba mal, charlaba y le decía al médico que me aburría. Me sentía afortunada, el chico no podía mover el cuerpo y la otra señora estaba en coma.

¿Qué le dirías a las personas que están pasando por lo mismo que vos?

Todavía no puedo decir que me cure y dar un mensaje de aliento porque yo también puteo y pido que se termine todo. Pero creo que la cabeza juega mucho. Hay que tener una actitud positiva y no tener miedo. Creo que si estamos pasando por esto es por algo. Algún sentido tiene. No le tengan miedo, aunque a veces es difícil.

También hay que aferrarse a algo, a lo que sea. Yo me aferro a la religión, y eso me ayudó a seguir adelante. Sé que nada malo me puede pasar peor de lo que me pasó. Pienso que esto es un proceso, que voy a volver a hacer todo lo que hacía antes, porque para mí está en uno. Todo te cuesta un montón porque todo está más delicado, pero con esfuerzo todo se puede.

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Para leer mas sobre su historia de vida: http://lucesmias.blogspot.com.ar

Adrián Santarelli, el cura que vive un sueño

Adrián Santarelli es un cura sanador que a través de la imposición de manos, vive un sueño. Cree que la gente se sana solo cuando Jesús lo desea. Misionó alrededor del mundo y acompañó al Papa Francisco en diversas ocasiones. 

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Santarelli: “Entré al seminario para encontrar a Dios, no porque lo había encontrado”.      Crédito: Camila Oppel

Comenzó a estudiar arquitectura pero su vocación era el servicio. Con 57 años y una gran trayectoria, Adrián Santarelli es un cura sanador, párroco de Santo Tomás Moro, en la diócesis de San Isidro.

Dando misas, retiros y predicaciones, atrajo multitudes sin pensarlo. Realiza encuentros en toda América Latina que se llenan de forma inmediata. En Argentina fundó una asociación privada que se propone generar unidad y paz entre las religiones monoteístas: La Comunidad Belén. Creó también el grupo Cuerdas Azules formado por jóvenes que acompañan a niños enfermos en hospitales públicos.

Su último destino fue Cuba, donde misionó durante diez años, acompañando al Papa Francisco, a quien le realizó la imposición de manos cuando ejercía de obispo.

¿Cómo surgió tu vocación?

Ir a un hogar de chicos huérfanos y preguntarme cómo podía ser que hubiera tantos chicos sin papás, tanta gente que no conoce a Jesús, son preguntas que me fueron descolocando. Ahí descubrí lo que quería hacer con mi vida. Decidí hacer un retiro en un monasterio, y empecé a responder esa pregunta con palabras. No quería quedarme de brazos cruzados así que decidí probar metiéndome al seminario. Entré para encontrar a Dios, no porque lo había encontrado.

¿Cómo reaccionó tu familia?

Mi madre se lo imaginaba pero mi padre me echó de casa diciéndome que era un tonto, que me iba a perder la vida. Se imaginaba que como cura no la iba a pasar bien. Tardaron un año hasta que lo entendieron. 

¿Ves una Iglesia en donde los sacerdotes puedan casarse?

La Iglesia está haciendo un camino de actualización hacia los tiempos modernos. No veo un obstáculo para que un sacerdote se case, sí lo veo en su familia. Va a tener que ser un modo diferente de sacerdocio. Creo que el llamado al celibato, lo van a seguir percibiendo porque es algo que se siente. Yo no elegí renunciar a una familia, decidí encargarme de una familia más grande.

¿Qué significa misionar para vos?

Ser misionero es sentir un llamado del más allá, es salir de la comodidad y moverse en otras fronteras. Gracias a eso descubrí mi vocación. Mirando más allá de los párrocos que me rodeaban, vi una gran necesidad por donde me movía. Me acuerdo que ya a los 17 años ayudaba a un amigo en una parroquia que se había inundado. Me levantaba los domingos temprano e iba a ayudar. Me sentía un héroe.

“Con el Papa Francisco nos conocemos y nos sentimos cómodos. Tenemos una relación muy sincera”

¿Cómo fue tu experiencia en Cuba?

Fue un tiempo de mi vida nuevo, creativo, activo. Fue refundar mi forma sacerdotal. Ahí el comunismo te corta por todos lados, no hay comunidad establecida, hay que salir a tocar timbre y ver cómo te va. Tiene la adrenalina de la improvisación. No podés quedarte tomando ron con la gente ni tampoco podés llevarles una evangelización ajena a su cultura. Salir de la comodidad hizo que me encuentre con otra forma de vivir la Iglesia. Toda la vida trabajé en un mismo ambiente y pensaba que eso era todo. Pero llegué allá y me di cuenta que no funcionaba, que tenía que empezar a superar todas las crisis.

¿Qué son las “casas de misión” en Cuba?

Cuando llegamos a Cuba armamos las “casas de misión”. Al principio era todo en casas porque el gobierno nos perseguía, no quería que hagamos eso. Arrancamos siendo tres, y después se empezó a sumar gente. Se trataba de caminar por el barrio, charlar con la gente, hacernos amigos. La visita de Juan Pablo II en el año 98 nos ayudó mucho. Fue la oportunidad para que la Iglesia cubana reconozca todo el trabajo que veníamos haciendo, y que por lo tanto el gobierno empiece a aceptarlo. Hoy las 23 casas de misión que formamos son centros misionares y algunos se convirtieron en parroquias. Ver ese crecimiento te llena el alma. Este año tuve la oportunidad de volver con el Papa Francisco.

¿Qué relación tenés con el Papa?

No puedo decir que soy amigo porque nunca me vino a contar sus problemas. Nos conocemos y tuvimos encuentros muy largos desde que es Papa, y desde antes de que lo fuera. Nos conocimos gracias a que yo trabajaba en una comisión de diálogo con pastores evangélicos que formó él. Es un hombre de mucha simpatía. Nos reímos mucho y estamos en la misma sintonía. Nos conocemos y nos sentimos cómodos. Tenemos una relación muy sincera. Él tiene una memoria tan grande que se acuerda de todo lo que habla con uno. Una vez, ya siendo Papa, me invitó a desayunar y cuando se estaba despidiendo me pone la mano en el pecho y me dice: “Esa charla de aquella noche me sirvió mucho”. Se apoya mucho en la gente, se deja enriquecer mucho. No anda diciéndole al otro lo que tiene que hacer, él recibe y no se olvida.

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Adrián Santarelli le regaló al Papa Francisco su libro acerca de la imposición de manos.                                                Crédito: Blog Padre Ismael Ojeda

¿Creés que está revolucionando la Iglesia Católica?

Está dando vuelta la Iglesia hacia el evangelio. Quiere llevarla a lo que tiene que ser, y sacarla de lo que no tiene que ser. Francisco quiere que la Iglesia sea reflejo del Jesús que caminaba por Galilea. Está revolucionando todo, no quiere que la gente se olvide de ese Jesús que recibe a la oveja perdida.

¿En qué consiste tu don de sanación? ¿Cómo llegó a tener la repercusión y la demanda que tiene?

Jesús es el autor de todos los dones. Se sana alguien cuando él quiere. Los que hacemos esto ejercemos un don de intercesión, rezamos por las personas enfermas. Nunca me propuse empezar con la sanación, me llegó del cielo. Soy consciente de que esto es de Dios. No es que uno toca a la persona y se sana, aunque a veces puede pasar. No depende de nosotros. La gente me empezó a buscar porque experimentaban algo nuevo, se sanaban. Venía uno, venía el otro, y así se fue viralizando. Nosotros no ponemos un cartel. No me anuncio ni la parroquia se anuncia como una parroquia sanadora. La gente encuentra y cuenta.

¿Qué es lo que experimentás a la hora de sanar?

Lo vivo como un momento de oración, rezo mucho y hago la intercesión. Cuando veo que la persona lo recibe, siento plenitud, me siento feliz. Es una alegría poder aliviar, consolar y que puedan recibir una gracia. Darle contención al enfermo es muy lindo. Por lo general se desesperan, se asustan, y está bueno transmitirles paz en un momento de tensión.

¿Fuiste parte de algún milagro?

Una chica que veo seguido tuvo un accidente en el que se la llevó puesta un colectivo. La llevaron al hospital sin esperanzas, le volaba la presión. La familia vino a buscarme, muy tarde. Me acuerdo que recé mucho y casi fue automático, a la hora le había bajado. Hoy está vivita y coleando.No le quedaron secuelas, más que la cabeza un poco deformada, pero podría haber quedado mal y milagrosamente nada.

¿Cómo surgió el grupo de jóvenes “Cuerdas Azules”?

Cuerdas es un compromiso. Es acompañar a alguien enfermo, darle un oído, una mano. Es eso que tiene tu corazón que se conmueve cuando alguien te necesita. Con que haya un ejército de gente sintiendo el uno por uno para hacer algo, para mí eso es cuerdas. La cuerda es azul por el color de la virgen, color del cielo, algo que nos une a todos.

¿Ejercés lo que alguna vez soñaste?

Si soñé que podía aliviarle el peso a la vida de la gente, es lo que hago. Si soñé que me gustaría ir de misionero a ayudar a gente que no tiene posibilidades, me mandó a un país en donde la gente no puede salir. Me levanto a la mañana a rezar y lo hago con gusto y alegría, no como un peso.

Crédito: Camila Oppel